Me Declaro

Hoy, parado en la inmensidad del mar rojo y viendo el llamado a los híbridos.

Pienso y observo, calculo y aclaro, que jamás me hubiera gustado menos, que la odisea sea un cuento.      Una prosa.


Una historia de la vida, una poesía con sentir, un informe sin pensar.

Que la historia me bendice, que la vida me sonríe.

Que aquella aurora, juro desafiar a Atenea.

Que el enemigo, aún se esconde del cielo.

Que Penélope juro esperar.

Que Ariadna nunca entendió la Pérdida.

Que ni un Rayo me Atravesará.


Vuelve al bosque.

Luego, regrese y comprendí, que solo yo tendré que luchar.

Que los espíritus me dejaron.

Que pedi no perderte.

Que el Roble prometió arrebatarme.

Que eras mi amante y también mi esposo.

Que te perdí, y jure recuperarte.


Vuelvo al bosque, nos vemos allí, te prometí.

Y luego acepte, que jamás podría solo con una.

Y acepte.

Que la guerra había comenzado.

Que el Edén, sería mi nuevo hogar.

Que jamás asesine, solo fui controlado.

Que los polos iguales, no causan nada bueno.

Que si rendirme, era la opción para no perder, lo haría.


Regrese al cielo, pero ahora completo.

Que me pregunte, tantas veces, que mierda era.

Y respondí, con lágrimas y risas.

Que era capaz de soportar una bomba.

Que podía explotar como un cosmos.

Que era una danza y también un escudo.

Y que además era frágil, muy frágil.


Pero entendí, que podía destruirte de ambas formas.

Y lo conseguí.

Conseguí desafiarte. Y solo espero poder estar a la altura.

Pero eso me llevó, a encontrar la parte más sensible, que por momentos pensé haber perdido.

Qué senti.

Que sentía cada lágrima, y cada voz desgarrada.

Que es de valientes apostar por amor.

Que el fénix, era el fuego interior.

Que la guerra había comenzado.

Y sentí, que la razón perdió valor contra el amor.


Y perdí la guerra. Y la pasión se declaró.

Y me ofreció una mano.

Adivina quien.

Mis fantasmas.


Me permites llamarte amor?

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